viernes, 30 de abril de 2010

Frustración

Ah, la frustración... sentimiento que ha apadrinado a la humanidad desde que empezamos a ser monos y frotábamos dos varillas para hacer fuego.
Veréis, la frustración es uno de los grandes motores de la humanidad, junto con el odio y la ambición, pero de ellos ya hablaré más tarde, cuando tenga ganas.
Hay muchos tipos de frustración, siendo la más dolorosa la generada por la decepción, que genera a su vez rabia. En términos del Tekken, podríamos llamar a esto un "3- hit combo", pero yo prefiero llamarlo "emociones enlazadas", queda más poético.
De igual manera que hay múltiples maneras de frustrarse, también hay múltiples maneras de des- frustrarse. Los más atléticos se dedican a castigar con sus manillas de vale- tudo un punching- ball cuyo gran crimen existencial es tener forma cilíndrica y ser fácil de golpear.
Otros, los más sociables, realizan un proceso parecido: Cambian los puños por palabras, y los sacos por personas. Análogamente, el criterio a la hora de escoger potenciales blancos para esta terapia es el mismo que con los sacos: La persona que habrá de servir de blanco de las iras del frustrado tendrá forma cilíndrica (no siempre) y será fácil de golpear (obligatorio)
Por supuesto siempre quedan los otros, pobres almas indefensas e inofensivas que se limitan a poner alguna canción de Machine Head en el reproductor y agitan la cabeza (a mayor frustración, mayores agitaciones) hasta que finalmente el cuello dice "hasta aquí hemos llegado" y se parte con un espantoso chasquido.
¿Es mala la frustración? No creo. Una frustración bien canalizada es capaz de generar un instinto de superación increíble, solo está el problema que casi nadie acaba por saber cómo canalizar ese sentimiento. Cuando te sientes frustrado, te sientes incapaz, y cuando te sientes incapaz, tienes dos opciones: O exteriorizar dicho sentimiento (Véase líneas anteriores) o bien rebelarte contra el sentimiento de incapacidad y tratar de superarlo. Of course, no conozco a nadie capaz de adoptar ese segundo comportamiento (es un mero razonamiento teórico) por lo que, queramos o no, nos veremos obligados a exteriorizar ese sentimiento (tragarlo no, por Dios, el nivel de ph de la frustración es tan ridículamente bajo que el mero hecho de poner la frustración en contacto con las mucosas del esófago puede llegar a generar una abrasión interna que luego puede derivar en un proceso cancerígeno conocido popularmente como amargura)Pero, claro está, los métodos vistos anteriormente no son demasiado útiles. ¿Liarte a golpes con un saco de boxeo? ¡Venga ya! todos sabemos que lo de tener un saco de boxeo en el hall de casa es más propio de las películas americanas que de la vida real (eso sin contar las eventuales roturas nudillares que se puedan producir) Lo de ponerte a insultar al blanco más fácil puede venirte bien para ligar un sábado cualquiera por la noche, pero, siendo francos, su uso terapéutico para tratar la frustración está muy cuestionado, pues la inmensa mayoría de las veces tras la "descarga" nos asalta un estúpido sentimiento de culpabilidad. En cuanto a lo de la música... bueno, es un método inofensivo (para los demás, que no para ti) pero hay que reconocer que está muy condicionado por el tipo de música que oyes. Porque si lo que te gusta es Carlos Baute, hijo mío, muy desahogadora no es esa música, no.
¿Un consejo? Saca esos raídos pantalones de chándal, esas camisetas que promocionan un mundial de fútbol de hace veinte años y esas deportivas que no usas casi nunca. Sal adonde sea. Pon la música que te guste a todo volumen (preferiblemente música machacona de ideologías políticas seudo- radicales o bien temas melodramáticos y auto- compasivos de música clásica) y entonces, corre. Corre todo lo que puedas, da igual que sean cien metros, que cincuenta, que diez. Tú solo corre. No pares hasta que sientas que vas a vomitar todas las tripas sobre la acera. Cuando ya no puedas más, para, escupe, respira hondo y lanza una mirada asesina a los viandantes que te miren con curiosidad. La frustración desaparecerá en un intervalo de tiempo de entre tres y cinco minutos después del tratamiento.

2 comentarios:

Boadicea dijo...

slayer, la experiencia me ha enseñado que la envidia es otro motor, desgraciadamente para nuestra evolución.

Maestra de Español //Histérica Sadomasoca dijo...

órale, qué padre foto pusiste!!!