lunes, 17 de mayo de 2010

Muerte de un dios (Ragnarok)

Acaba de llegarme la noticia. Ayer, a eso de las 7: 45 AM, a causa del cáncer estomacal que sufría, moría Ronnie James DIO, Dios del metal, rock, rock n´roll o como coño quieras llamarlo. Ayer se apagaba la vela de su vida. El mundo del metal se viste de luto. Parecía ayer cuando Peter Steele viajaba también al reino de los muertos, y ahora esto. Su muerte ha supuesto un mazazo en mi estómago y un cepo de acero en mi corazón. Qué decir, se ha ido un grande, y para que vuelva a aparecer otro cantante como él habrán de pasar años, qué digo años, décadas.

Resquiescat in pace, amigo. Porque ninguno de nosotros te olvidará y porque nos marcaste a todos con la marca en fuego del metal, descansa. Nos hemos quedado huérfanos.

viernes, 14 de mayo de 2010

Entrevista de trabajo


Los fluorescentes medio averiados del edificio chisporroteaban a la par que lanzaban quedos destellos de luz verdosa. Las agrietadas y viejas losas del suelo están mojadas por el agua que se escapa de algunas tuberías que trepan por las paredes de hormigón, donde cuelgan viejos y roídos caerteles anunciando películas de bajo presupuesto que todos ya han olvidado.

A través de la escalera que comunica interior con exterior resuena el eco de unos pasos. Nuestro hombre es el causante. Camina con paso tranquilo y despreocupado, con la cara del hombre que sabe lo que busca. Enciende un cigarrillo para darse valor, pero no da ni dos caladas cuando lo arroja al suelo y lo apaga de un fuerte pisotón. Con una sensación como de vacío en el interior de sus entrañas, se dirige a una puerta de metal tatuada con óxido. La golpea con los nudillos y el golpeteo suena a una lata de coca-cola pateada en la soledad de un descampado.

Se oyen entonces unos pasos y la puerta se abre con un suave chirrido al tiempo que un hombre calvo y musculoso aparece apuntándole con una Beretta 84.

-Ah...- Murmura tras mirarle de arriba a abajo- és vostè...

Nuestro hombre sonríe, contento de que el hombre no haya apretado el gatillo. Todavía.

Le hace una seña y le hace pasar. El cuartucho es pequeño y miserable. En una mesa se pueden ver desperdigadas varias revistas porno y una botella de ginebra medio vacía. Sobre un estante, encerrada en la caja de una radio, una monótona voz da el parte de las noticias del día.

Bruce Willis se arrellana en una silla, toma una de las revistas y la comienza a ojear con los pies sobre la mesa.

-Fa fred, ¿eh?- Murmura con una sonrisa- el Cap no trigarà a dir.

Nuestro hombre sonríe y mira para el suelo arrastrando los pies.

Tras unos minutos que parecen horas, suena una voz en una habitación contigua. Bruce Willis le hace una seña a nuestro hombre para que entre.

La sala es poco mejor que la anterior, pero al menos tiene pretensiones. Falsificaciones de famosos cuadros cubren los desconchones. La maltrecha bombilla tiene al menos una pequeña y cutre pantalla. En una especie de escritorio reposa un libro de poesía de Anuar Zúñiga Naime y una Desert Eagle cromada en oro. El Jefe es de esos hombres gordos, medio calvos y con bigotito que parece que se han quedado en los años 30.

-Bona nit, vaig venir per això del...- Comienza nuestro hombre-.

-No se preocupe- Le corta el Jefe- Estoy seguro de que preferirá hablar en español, ¿no?

Nuestro hombre asiente con una sonrisa.

-Bien, bien... veo que ha sabido encontrarnos... me han hablado bien de usted. Según me han dicho mis informadores (y comprobado, que todavía tengo a tres de mis hombres hospitalizados por el tiroteo que usted mantuvo con ellos en el Muelle Deportivo) es hábil en el manejo de armas y un buen conductor. Además, es lo suficientemente callado como para no irse de la lengua, ¿eh? Bien, bien. Contratado. Su primera misión consistirá en un envío de mercancía que recibiremos en el Musel, en un carguero de trigo procedente de México. Usted estará allí para recogerla. Me aseguraré de preparar sus papeles para que no haya ningún problema. debería ir marchando, la mercancía no vendrá hasta nosotros por si sola.

Nuestro hombre asiente y se da la vuelta para salir del despacho. Entonces suena un disparo y nuestro hombre cae al suelo. Una irregular mancha rojiza brota de su espalda.

-¿Es creia el poli que ens anava a enganyar?- Dice triunfal el Jefe-.

Acto seguido se dirige a Bruce Willis.

-Penja-ho en una bossa i llença'l al mar. Que serveixi d'avís per a pròxims espavilats.

Bruce Willis asiente y se lleva el cadáver.

viernes, 30 de abril de 2010

Frustración

Ah, la frustración... sentimiento que ha apadrinado a la humanidad desde que empezamos a ser monos y frotábamos dos varillas para hacer fuego.
Veréis, la frustración es uno de los grandes motores de la humanidad, junto con el odio y la ambición, pero de ellos ya hablaré más tarde, cuando tenga ganas.
Hay muchos tipos de frustración, siendo la más dolorosa la generada por la decepción, que genera a su vez rabia. En términos del Tekken, podríamos llamar a esto un "3- hit combo", pero yo prefiero llamarlo "emociones enlazadas", queda más poético.
De igual manera que hay múltiples maneras de frustrarse, también hay múltiples maneras de des- frustrarse. Los más atléticos se dedican a castigar con sus manillas de vale- tudo un punching- ball cuyo gran crimen existencial es tener forma cilíndrica y ser fácil de golpear.
Otros, los más sociables, realizan un proceso parecido: Cambian los puños por palabras, y los sacos por personas. Análogamente, el criterio a la hora de escoger potenciales blancos para esta terapia es el mismo que con los sacos: La persona que habrá de servir de blanco de las iras del frustrado tendrá forma cilíndrica (no siempre) y será fácil de golpear (obligatorio)
Por supuesto siempre quedan los otros, pobres almas indefensas e inofensivas que se limitan a poner alguna canción de Machine Head en el reproductor y agitan la cabeza (a mayor frustración, mayores agitaciones) hasta que finalmente el cuello dice "hasta aquí hemos llegado" y se parte con un espantoso chasquido.
¿Es mala la frustración? No creo. Una frustración bien canalizada es capaz de generar un instinto de superación increíble, solo está el problema que casi nadie acaba por saber cómo canalizar ese sentimiento. Cuando te sientes frustrado, te sientes incapaz, y cuando te sientes incapaz, tienes dos opciones: O exteriorizar dicho sentimiento (Véase líneas anteriores) o bien rebelarte contra el sentimiento de incapacidad y tratar de superarlo. Of course, no conozco a nadie capaz de adoptar ese segundo comportamiento (es un mero razonamiento teórico) por lo que, queramos o no, nos veremos obligados a exteriorizar ese sentimiento (tragarlo no, por Dios, el nivel de ph de la frustración es tan ridículamente bajo que el mero hecho de poner la frustración en contacto con las mucosas del esófago puede llegar a generar una abrasión interna que luego puede derivar en un proceso cancerígeno conocido popularmente como amargura)Pero, claro está, los métodos vistos anteriormente no son demasiado útiles. ¿Liarte a golpes con un saco de boxeo? ¡Venga ya! todos sabemos que lo de tener un saco de boxeo en el hall de casa es más propio de las películas americanas que de la vida real (eso sin contar las eventuales roturas nudillares que se puedan producir) Lo de ponerte a insultar al blanco más fácil puede venirte bien para ligar un sábado cualquiera por la noche, pero, siendo francos, su uso terapéutico para tratar la frustración está muy cuestionado, pues la inmensa mayoría de las veces tras la "descarga" nos asalta un estúpido sentimiento de culpabilidad. En cuanto a lo de la música... bueno, es un método inofensivo (para los demás, que no para ti) pero hay que reconocer que está muy condicionado por el tipo de música que oyes. Porque si lo que te gusta es Carlos Baute, hijo mío, muy desahogadora no es esa música, no.
¿Un consejo? Saca esos raídos pantalones de chándal, esas camisetas que promocionan un mundial de fútbol de hace veinte años y esas deportivas que no usas casi nunca. Sal adonde sea. Pon la música que te guste a todo volumen (preferiblemente música machacona de ideologías políticas seudo- radicales o bien temas melodramáticos y auto- compasivos de música clásica) y entonces, corre. Corre todo lo que puedas, da igual que sean cien metros, que cincuenta, que diez. Tú solo corre. No pares hasta que sientas que vas a vomitar todas las tripas sobre la acera. Cuando ya no puedas más, para, escupe, respira hondo y lanza una mirada asesina a los viandantes que te miren con curiosidad. La frustración desaparecerá en un intervalo de tiempo de entre tres y cinco minutos después del tratamiento.