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sábado, 19 de febrero de 2011

Terroristas caseros

La debacle, el atentado
Veiticuatro ráfagas de ensaladilla
Recinto acordonado
Policías y curiosos que miran

Con el eco de sirenas, se suceden las preguntas
(Quién, cuándo, cómo y por qué)
Un halijo encontrado
Puchero de garbanzos, metralla y pollo deshuesado
Un sabroso cocido con sabor a muerte
Hecho para fregar (y esconder) después de usado

domingo, 13 de febrero de 2011

La ciudad sin Intención

Camino por las calles de la Ciudad sin Intención
Una ciudad que no quiere ser
Ni estar
Ni siquiera tener (habitantes)
Llamo a los timbres sabiendo que no me van a contestar
Escarbo en la basura, en busca de,
yo que sé, comida o ropa
o quizá algún alma o sueño,
tirada al cubo por descuido,
junto a las botellas de alcohol para ahogar las penas.
Floto sobre un mar de pensamientos negros
Soy como un duende, un ente,
que existe sin saber que existe y busca sin saber qué quiere   [encontrar.
Camino por las calles de la Ciudad sin Intención
Una ciudad que no quiere ser
Ni estar
Ni siquiera tener (habitantes)

viernes, 2 de julio de 2010

Un mundo sin Dios

Hace tiempo el hombre desapareció del [orbe

La corte de ángeles cayó en tumbas ignoradas

También los diablos han quedado fríos, al fin
Y hasta el mismo Dios yace al pie del gran trono blanco

Ambrose Bierce




Y llegó el día en que los hombres se cansaron de Dios
Levantando sus armas contra Él
El Creador atacado por sus creaciones
como un feto muerto, abortado
que golpea con sus manitas la cara de sus padres
¿Qué ha sido de sus tanques, sus aviones,
sus maravillosas armas
que acaban con otros humanos como si fueran cucarachas?
¿Dónde están sus ciudades,
edificadas por la Fe,
mantenidas por la Ciencia,
y destruidas por la Depravación?
Son solo polvo y parte del aire,
quedo y vacío,
que viciamos con nuestra blasfema respiración.

Ese mismo día, Bien y Mal perdieron valor
Ese mismo día, lo uno significó lo otro
Ese mismo día, Ángeles y Demonios,
Paladines celosos
de sus propias verdades personales
se mataron entre ellos, incapaces de distinguir
el Ángel del Demonio
Un río de sangre nos guía
al lugar del Sepulcro

Ante todo esto, Dios
Creador omnipotente,
Vio que aquello en lo que había puesto
tanto esfuerzo, cariño y empeño
se había corrompido
Y era un cadáver tumefacto, un nido de gusanos,
que con sonrisa torcida se reía de Él
Así que, tras borrar del Universo
todo rastro de aquél bebé malogrado,
y asegurarse de que nadie volvería a hacer otro
El mismísimo Dios, Creador de todo,
se autoinmoló.